Viaje por Cuba en 10 etapas
Camagüey: iglesias y tinajones
Camagüey es la
mayor y la más llana de todas las provincias cubanas. Apenas tiene
montañas, ni tampoco grandes presas ni ríos, por lo que, aunque
llueve bastante, el aprovisionamiento de agua siempre fue una
preocupación para la gente de esta región. Por eso, cuando los
españoles trajeron unas enormes tinajas llenas aceite, enseguida se
emplearon aquí para acumular el agua de la lluvia. Hoy sólo se usan
como elemento decorativo, pero son el símbolo del municipio y por
eso se llama a Camagüey “la ciudad de los tinajones.” Desde que se
fundó, en 1515, el desarrollo económico se basó en la ganadería y
actualmente es la provincia que más ganado tiene de todo el país.
Las calles de Camagüey no son rectas, sino más bien estrechas y
curveadas, como formando una especie de laberinto. Se dice que fue
construida así para librarse de los ataques de los piratas, como el
del famoso Henry Morgan que arrasó la ciudad en 1668 para llevarse
centenares de bueyes. Al contrario que en otras provincias, aquí se
construyeron muchas iglesias católicas; hasta quince se conservan
ahora mismo en buen estado, y debido principalmente a ellas la
ciudad acaba de ser declarada Patrimonio de la Humanidad.
Aquí nos encontramos en la Plaza del Gallo, uno de los lugares más céntricos de la ciudad, donde se realizan muchas actividades culturales, y lugar de reunión para la juventud que viene con sus bicicletas para conversar y divertirse. Además muy cerca está El Colonial, un famoso local de diversión nocturna. Es una plaza curiosa porque en ellas convergen siete calles, por lo que también se llama “plaza de las siete esquinas”. Aquí está una de las iglesias más viejas de la ciudad, la de La Soledad, fundada en 1703 y la última en ser restaurada, y que se pintó de ese color rojo oscuro que usted ve, algo parecido al de nuestras tejas criollas.
Mire, está es la Plaza de los Trabajadores, donde antes de la construcción de la Plaza de la Revolución se celebraban las actividades políticas más importantes de la ciudad. Aquí están algunos edificios muy destacados, como la Oficina de Correos, el Museo de Ignacio Agramonte, y la Casa de la Cultura, ese edificio azul de la esquina, que antiguamente era un club de diversión de la gente adinerada y ahora es el lugar donde jóvenes y niños acuden a estudiar diferentes manifestaciones culturales como el canto, la danza y el teatro. Al lado están las dos emisoras de radio: Radio Camagüey y Radio Cadena Agramonte. Y, como no, en esta plaza usted puede admirar la iglesia de La Merced, la más importante de la ciudad y donde estuvo el Papa cuando visitó Cuba en 1998. Por esta plaza andaba mucho Nicolás Guillén, el poeta más grande de Camagüey, que escribió el famoso “Songoro Cosongo”. Y mire, en el centro de la plaza hay una hermosa ceiba, que tiene una leyenda muy peculiar pues se dice que todo el que dé tres vueltas alrededor de este árbol rejuvenece. El problema es saber en que dirección hay que dar las vueltas; por eso nadie lo ha intentado nunca, jajaja.
Este de aquí es el Teatro Principal. Fue construido inicialmente en madera, pero se quemó y fue reconstruido en 1926. Tiene tres pisos y una capacidad para 950 personas. Fue uno de los cuatro teatros de Cuba donde actuó el famoso tenor Enrico Caruso. Es la sede del Ballet Nacional de Camagüey, que es muy importante y viaja a muchos países de Europa. Aquí es donde actúan los artistas más famosos de Cuba cuando vienen a Camagüey. Uno de ellos, que usted debe conocer, es Silvio Rodríguez, que nació en esta ciudad.
Ahora estamos llegando a la Plaza del Carmen, la mejor conservada de todas y la que mejor guarda su antigua arquitectura. La iglesia que le da nombre es la única de la ciudad que tiene dos torres. En la plaza hay una serie de elementos característicos de cómo era este lugar en las décadas pasadas y que fueron realizados en cerámica ennegrecida por la famosa artista Martha Jiménez. Entre ellos están los tinajones, pero sobre todo las esculturas a tamaño real de varios personajes que habitualmente estaban aquí, como son el grupo de las chismosas, la pareja de enamorados, el lector del periódico Granma, o el aguador, un hombre que tiraba de una carretilla cargada de botijos repartiendo agua a la comunidad. Algunos de los modelos aún están vivos y suelen venir por la plaza para que los turistas les hagan fotos. También se dice que en esta plaza tan antigua se llegaron a vender esclavos traídos de África. ¡A lo mejor por eso es que yo soy cubano!
Hemos llegado a la Plaza de San Juan de Dios, que se llama así por el nombre de su iglesia. Es una pena que ahora esté cerrada para que pudiera contemplar una curiosidad que poca gente conoce, y es que en su altar mayor se encuentra la Santísima Trinidad representada en forma de tres figuras humanas realizadas en madera de cedro cubano, cosa insólita en la iglesia católica. Esta es una plaza importante para la historia de Camagüey, porque aquí se trajo el cadáver del Mayor Ignacio Agramonte cuando fue muerto en combate. Junto a la iglesia puede ver el museo, que antes fue un antiguo hospital donde se cuidaba a los leprosos. Ahí fue donde desarrolló su labor de dedicación a los enfermos y a los pobres el Padre Olallo, un jovencito habanero que con el paso del tiempo llegó a ser el Prior del hospital y que dentro de poco va a ser el primer cubano canonizado por la iglesia católica.
Bueno, y aquí terminamos el recorrido. Este es nuestro Parque Central. Está presidido por una estatua montado a caballo del Mayor Ignacio Agramonte, el principal héroe de Camagüey. Aunque le diré que esa escultura tiene un error, pues el caballo que monta debería tener no una sola pata en el aire, sino las dos, como corresponde a las estatuas ecuestres de las personas que mueren en combate; el sable que lleva en la mano apunta a la dirección donde murió; los soldados que cabalgan en el bajorrelieve de la base de la estatua representan a los mambises, y la figura femenina con los brazos extendidos que está al pie del monumento a la mujer cubana, y también a la Patria. A la derecha del parque está la Catedral, que se llama así aunque no sea la iglesia más importante ni la más bella. Tiene de particular que en su torre en lugar de una cruz hay un Cristo, que está de frente al cementerio. En cada esquina de la plaza una palma real. Alrededor del parque hay varios lugares de diversión como son la Casa de la Trova, donde todas las noches hay espectáculos de música tradicional, y en aquella esquina está el bar El Cambio, donde antes del triunfo de la Revolución se vendían números de lotería. Ahora ha sido decorado con cerámicas de uno de los mejores artistas de la ciudad, y sus paredes están llenas de los escritos que dejan los turistas, más o menos como en la Bodeguita del Medio de la Habana. De día es un lugar muy agradable para tomar una copa, pero por las noches no es muy aconsejable porque se llena de jineteras. Ahí cerca está un bello edificio que en su tiempo fue el Hotel Inglaterra. Y en aquella esquina un restaurante que sirve comidas en moneda nacional. Esta plaza es muy concurrida, sobre todo por las noches, cuando la gente sale de la Casa de la Trova y las parejas se sientan en los bancos a expresarse su amor.”
Así habló José mientras recorrimos la ciudad. Y como es tarde, pero aún no del todo oscuro, cuando acabamos el paseo lo invito a un merecido descanso en la terraza del Callejón de La Soledad, uno de los rincones más agradables de Camagüey, y donde conversamos largamente de su vida y de la mía, mientras en un rincón el trío Miramar interpreta pausadamente antiguas canciones de Silvio Rodríguez. “Voy atravesando valles, voy parando en el batey, voy fijando mil detalles, voy camino a Camagüey. Voy camino a Camagüey.”